Especialización, diversificación,… y una tercera vía.

Hay un momento en la vida de un empresa (léase un profesional), en el que suele enfrentarse a una disyuntiva recurrente. Siempre hay un punto en el que nos preguntamos: ¿especializarnos o diversificar?

Es más probable que ocurra en etapas complicadas, como la actual: tenemos una reducción en la facturación, o hemos hecho una mala elección de algunos proyectos, o incluso hemos entrado en una espiral de monotonía, que creemos no nos va a llevar al crecimiento esperado. Pero no siempre se produce en momentos de crisis. Puede tener desencadenantes positivos: hemos crecido lo suficiente y nos sentimos con fuerza para dar un giro a nuestra trayectoria.

La especialización suele ser una buena idea en el período de crecimiento profesional. Es una forma de acercamiento al cliente. Necesitamos afianzarnos en un sector o en un nicho de mercado. Controlamos unos procedimientos y queremos que nuestro cliente potencial sea consciente de ello. Es un punto en el diversificando corremos el riesgo de dispersarnos, y nuestros servicios se pueden difuminar en un abanico tan amplio que ni siquiera nosotros sabemos a qué nos dedicamos.

La diversificación, sin embargo, es una decisión que se suele tomar en períodos de madurez. Hemos conseguido una clientela lo suficientemente estable, como para sentirnos arropados en el sector en el que nos encontramos. Necesitamos afianzarla y empezamos a elevar el número de servicios para conseguir cubrir sus necesidades.

Para los profesionales, además, hay una tercera vía. Una posibilidad derivada de un mundo de competencia global, en el no es suficiente con ser bueno o brillante, sino que se hace imprescindible sobresalir para hacerse un hueco. Es ir un paso más allá de la especialización, y es hacerlo de una manera más activa. No es otra que dedicarse a ser el mejor en un desempeño. Ser percibido como una referencia y posicionarse como líder en un campo en particular. Ser un experto no es tanto especializarse como ser un especialista.

No es fácil convertirse en el mejor en algo. Aunque, desde luego, merece la pena intentarlo. Como suele decir Kathy Sierra, escritora especialista en management, ser mejor es mejor, más divertido, más satisfactorio y una experiencia más rica.

La primera etapa es la más complicada. Tenemos que formarnos y actualizarnos constantemente, hasta llegar a un nivel técnico en el que podamos dominar todos los entresijos de nuestra profesión.

La siguiente fase es más asequible, y no es otra que darnos a conocer. El autor Andrés Pérez, en su libro Expertología afirma que el método para convertirse en especialista es investigar y adquirir experiencia, organizar y divulgar información sobre tu tema con regularidad. De nada sirve ser un experto en algo si nadie lo sabe.

Hoy en día, las redes sociales han conseguido que promocionarse esté al alcance de cualquiera. No hace falta tener muchos medios para poder hacerlo, webs personales, blogs, Facebook o Twitter,… las posiblidades son enormes, pero llegar a hacerlo de manera correcta ya es otra cosa. Hay que ser conscientes de que, igual que te ayudan, también te dejan más expuesto, te conviertes en transparente. Debes estar lo suficientemente preparado. No olvidemos que si el boca a boca sigue siendo un método efectivo, su versión cuenta a cuenta, lo eleva a la enésima potencia. No hay otra forma de promoción que no sea el trabajo bien hecho.

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