El Gobierno reduce la velocidad máxima en autovías y autopistas: nuestra experiencia.

A estas alturas, todo el mundo conoce la medida que más revuelo ha levantado, y que se enmarca dentro de un plan de ahorro energético. Según los datos del Gobierno, la reducción de la velocidad máxima en autovías y autopistas de 120 a 110 kilómetros por hora, permitirá un ahorro del 15% en el consumo de gasolina y de un 11% en el de gasoil. En total, según Industria, se estima que las medidas ahorrarán, al precio actual de los combustibles, 1.400 millones de euros en un año por la velocidad y 160 por el aumento del uso de biocarburantes.

En este punto, voy a intentar contar nuestra experiencia.

En 2009, dentro de la implantación del Sistema de Gestión Medioambiental, nos propusimos varios objetivos medioambientales (por cierto, uno de ellos era la creación de éste blog). Estaban, y siguen estando, los típicos de reducción del consumo de papelería, electricidad, agua, reciclaje de consumibles,… y la reducción del consumo medio (lt/100 km) de combustible. En un principio, pensamos en la medición del consumo total, pero nos dimos cuenta de que el consumo total estaba más relacionado con el kilometraje que hacíamos que con el correcto uso del vehículo. Me explico: estaba directamente relacionado con el número de visitas a obra o la lejanía de las mismas, y no con la eficiencia.

Por tanto, para la reducción del consumo medio, adoptamos dos medidas principales. Una primera, reducir el uso urbano del vehículo, donde el consumo medio es superior. Es un uso dedicado principalmente a gestiones administrativas, y restringirlo así a un día por semana como máximo, agrupando todas las tareas para realizarlas conjuntamente.

La segunda, estaba relacionada con el uso extra-urbano, y no es otra que una serie de reglas de conducción eficiente, y entre las que estaba la reducción de la velocidad máxima a 100 km/h.

Las primeras mediciones fueron: en un uso exclusivamente laboral, el consumo medio pasó de 10,2 lt/100 a 9,3, algo menos del 10%. Para situarnos mejor, calculamos el volumen de combustible consumido, y llegamos a la siguiente conclusión. Con un uso (en cantidad de kilómetros) más de tres veces mayor, la repercusión de la reducción del uso urbano fue cuatro veces mayor. De los 5 lts/vehículo que se redujo el consumo de combustible, 4 lts fueron por la restricción del uso urbano en gestiones administrativas, y uno por conducción eficiente.

Posicionándonos a favor de la reducción del límite de velocidad, y la importancia de una conducción eficiente (y segura), incidir en que es imprescindible la mejora de la movilidad urbana para una verdadera reducción en la factura energética: peatonalización de calles, carriles-bici, transporte urbano ágil y, la única medida infalible: no tener que desplazarse, la generalización del uso de internet para las gestiones administrativas.

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