La Crisis, la Reforma Laboral y el Pacto Social.

Antes de nada, disculparme. Es este un comentario que llega tarde. Pero no las dos semanas que llevo intentando sacar tiempo para sentarme y escribir. Llega seis años tarde. Los seis años que llevamos esperando a que el Gobierno asuma realmente la responsabilidad de abordar una reforma, que consiga introducirnos en el siglo XXI con una política laboral verdaderamente progresista.

El problema es que ahora la situación es tan dramática, y las medidas a tomar tan profundas que sólo pueden ser tomadas a través del consenso de los dos partidos políticos mayoritarios. Ni siquiera sirve un pacto de las fuerzas laborales, que han agotado su crédito de confianza por inacción ante una escalada insostenible del paro. Y es necesario un pacto porque es imprescindible que la sociedad tenga el convencimiento absoluto de que las medidas son las adecuadas. Hasta ahora, el Gobierno ha ido salvando escollos con acuerdos puntuales, y así podría seguir siendo, pero sin un respaldo mayoritario, la sociedad nunca asumiría el esfuerzo que se le va a pedir con la confianza necesaria para recorrer esta parte final del túnel.

Las bases no pueden ser otras que un recorte de gastos administrativos, un aumento de inversión pública productiva, el impulso para la diversificación de nuevos sectores de producción, tanto en formación como en ayudas a emprendedores. Flexibilidad laboral, que acabe con la dualidad que divide a los trabajadores en indefinidos y temporales, que se amolde a las nuevas situaciones familiares. Alargar la vida laboral del trabajador, no sólo en el final de la vida laboral, sino en el principio, ayudando a la inserción laboral durante los estudios e incentivando la formación especializada en el puesto de trabajo con reducciones de jornada. (Según datos de la Universidad de Málaga, un ingeniero industrial termina la carrera a los 28 años. Si añadimos unos 12 meses para encontrar trabajo, tenemos que un profesional cualificado medio no se incorpora al mercado laboral, empieza a producir, y cotizar, hasta los 29 años).

El pacto, incluso, tendría un efecto positivo exteriormente, ahora que tenemos todos los indicadores en contra, de cara a inversores y a la clasificación de la deuda por parte de las agencias, a pesar de que estas medidas puedan suponer el incremento puntual del déficit público.

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